Maestros del Absurdo. Critica de las películas “Si la Cosa Funciona” de Woody Allen y “Los Límites del Control” de Jim Jarmusch.

silacosafunciona[1]     Vuelve a las pantallas de cine uno de los maestros del humor absurdo y uno de los mejores cineastas de la historia del cine actual y pasado, hablo de Woody Allen. El director neoyorquino de películas tan sublimes y maravillosas como “Balas sobre Broadway” 1994, “Acordes y Desacuerdos” 1999 o la oscarizada y fantástica comedia “Annie Hall” 1977, nos vuelve a sumergir en su mundo del absurdo y la ironía, atrayéndonos con su humor sarcástico, hilarante y bastante inteligente por cierto -deberían aprender las comedias americanas al uso de hoy de su filmografía y tomar muy buena nota- una película donde vuelve a plantearnos con su álter ego siempre en primera persona, y como es habitual en todas sus películas, en el actor cómico y también guionista Larry David, todas las disyuntivas de su vida. El cine de Woody Allen es la hipérbole del humor absurdo, es la exasperación del mundo actual, en resumidas cuentas, la ironía neoyorquina de Allen elevada a la séptima potencia. En esta ocasión se rodea del talento cómico de Larry David, un actor de comedias venido a menos, y quizá más recordado por ser el creador -guionista junto a Jerry Seinfeld- de una de las series televisivas cómicas más exitosas e innovadoras de los últimos años, hablo de “Seinfeld“. Además de nacer de la cantera del show televisivo “Saturday Night Live“, parodiada y clonada en España, pero con desigual fortuna.

      Larry David es Boris Yellnikov, el clásico protagonista de las películas de Woody Allen, un cincuentón judío asentado en su crisis personal tan particular, y aferrado a su vicio del ajedrez, que se enamora de una mujer -Evan Rachel Wood- mucho más joven que él. Tras un largo descanso por tierras neoyorquinas, vuelve a su Nueva York natal profundo, repleto de recuerdos y resonancias. Donde nos presenta a su protagonista del que se siente profundamente identificado, el actor y célebre guionista televisivo, Larry David, como el típico cascarrabias, especialista en mecánica cuántica, y harto del propio ser humano, por cómo es. Boris, como así se llama el protagonista, odia tanto la vida como la vida a él -según él piensa-, pero no por ello, uno deja de amar los pequeños placeres  mundanos que tiene la vida. Boris conoce en una escena genial made in Allen, por lo sencilla y cómica que parece ser, y por la lluvia y la atmósfera que se crean, a Melodie, una mujer rubia, joven y hermosa -Evan Rachel Wood- pero poco inteligente, de la que se irá enamorando poco a poco. Una trama peculiar y muy recurrente en su trayectoria cinematográfica, pero que no nos deja indiferentes, porque gracias al retorno neoyorquino, consigue hacernos recuperar al Woody Allen más cómico, hilarante y ácido de los últimos años, haciéndonos olvidar, cómo por arte de magia, sus últimos penosos trabajos, en donde radica más un trabajo socio cultural, llegando a parecer su productora, más una agencia de viajes que un produtora de cine tal cual. Ojalá que -y creo, no estar equivocado- volvamos a ver películas de Woody Allen tan brillantes y buenas como ésta, porque seguro, que eso simbolizará toda una proeza para el penoso panorama -no creo exagerar- del cine actual, sobre todo, para la comedia.

loslimitesdelcontrol[1]     Si hay un cineasta en el panorama actual que decide discernir sobre nuestras conciencias y crear un halo de ambigüedad y misterio entre el espectador y la película, haciéndonos ser partícipes de sus películas como un viaje de transgresión y evasión, ése es sin duda alguna, el cine de Jim Jarmusch. “Los Límites del Control” como pretendía reflejar en su título, quería ser un viaje alucinante de su protagonista el actor Isaach de Bankolé, un desconocido para el gran público, pero loable en su interpretación con sus miradas y silencios, teniendo en cuenta, que su papel es el de un personaje iniciático encomendado a una búsqueda, que comienza como un viaje a ninguna parte y que nunca llega a terminar, con lo que la travesía se convierte en un deambular de personajes en busca de su verdadera identidad vocacional. Jim Jarmusch, coétaneo del cine indie -independiente, se entiende- y de autor, crea una historia donde lo absurdo y el razonamiento se manifiestan de tal modo, que parece más un homenaje a las road movies -cine de carretera, se entiende- pero en carreteras secundarias españolas que una búsqueda real del verdadero yo. Tilda Swinton, Bill Murray, John Hurt Gael García Bernal y los españoles Luis Tosar y Oscar Jaenada, forman parte de un reparto de lujo, donde Jarmusch, haciendo un exhaustivo recorrido por tierras españolas, pretende enseñarnos la moral con la que convive el ser humano consigo mismo, para mostrarnos la realidad social de manera contemplativa, con la caracterización global de varios personajes distintos, que son examinados con lupa por el protagonista -el hombre solitario de Bankolé- como el psicoanlista o terapeuta que hace terapia con sus pacientes. Isaach de Bankolé es el protagonista antagónico de la historia, y que esconde su trama hasta el final de la misma, iniciándose un viaje itinirante por ciudades españolas para realizar un trabajo. En el transcurso del trayecto se va encontrando con una serie de personajes extraños y muy distintos entre sí que le irán pasando mensajes en clave. Jarmusch como nos tiene acostumbrado en su cine tan particular y misterioso, nos sumerge en el submundo del protagonista, de tal modo, que nos hace pensar y exigirnos a nosotros mismos para dilucidar la propia historia de la película. “Los Límites del Control” es un constante examen a nuestro incombustible intelecto, es una prueba inequícova de su director -Jim Jarmusch- para demostrarnos si somos capaces de pensar por nosotros mismos. Esta película es el ejemplo viviente del cine de Jarmusch, lleno de silencios y misterios, repleto de fascinación e imaginación, formando un argumento de trangresión que busca la inquietud del espectador. Provisto en cada segundo de su metraje de unas dotes visuales demasiado atractivas y una admiración, por parte de su director, por el subconsciente que se convierte en el verdadero hilo conductor de la película. Jarmusch, alejándose siempre del cine comercial, realiza un cine para unos pocos privilegiados, que desean ver más un cine transgresor antes que uno meramente convencional, donde nos atrae a las pantallas con una película llena de sorpresas y enigmas, que sólo nosotros tenemos que llegar a descifrar.

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~ por marcoscazorla en octubre 29, 2009.

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